“10,000 METROS”, UN POEMA DEPORTIVO

Queridos Aficionados, disculpen por ocupar este espacio para hablarles de algo personal. Mi atrevimiento está justificado: se trata de un tema deportivo, y también literario. Quienes siguen esta columna saben que su intención es demostrar que deporte y cultura son complementarios.

Que yo haga deporte se lo debo a mi amado hermano mayor, Jesús Carro Sánchez. Este extraordinario ser humano, nacido en 1950 y que descubrió qué hay más allá de este mundo en 2013, fue un atleta que practicó la halterofilia, el fisicoculturismo, el futbol y el atletismo.

Mi hermano me inculcó el amor por la actividad física. Nunca olvidaré esos años de infancia cuando me llevaba a correr a Chapultepec, en la Ciudad de México. Nuestra distancia eran los 10 kilómetros. Por eso hoy, cuando los corro, inevitablemente pienso en él, corro con él.

Ahora comprenderán, queridos Aficionados, que, siendo yo escritor, era inevitable que mi hermano terminara figurando en mi obra. En mi libro Pangrama, publicado por Valparaíso Ediciones en marzo de 2026, está incluido el poema “10,000 metros”, dedicado a la memoria de mi hermano y a nuestra historia en las carreras de fondo.

En agradecimiento por permitirme presentarles a mi hermano Jesús Carro, deportista de corazón, un Rocky de la vida real, mi héroe personal, les comparto el poema que le escribí. Les dejo algunas fotos de su juventud para que vean qué buena forma lucía, además de la liga de Valparaíso Ediciones por si les interesa adquirir mi libro Pangrama, donde el deporte también aparece en otros versos.

10,000 METROS

Es cada vez más necesario ajustar el lente de la atmósfera

para que distingas a la liebre de la luna

—el animal más lunático existente—

e iguales su velocidad mientras asciende por el tiempo.

Para correr hacia el pasado, tu corazón debe latir como un caballo.

Que los días del ayer quemen tus músculos,

que tus pasos incendien las calorías que se interponen entre tu carne y tu presente.

Corre hacia tu juventud,

corre hacia los días cuando tu sombra era tu espejo más fiel,

cuando corríamos juntos como una sola sombra,

cuando yo como una sombra te alcanzaba para que tu espíritu no corriera solo durante los últimos kilómetros de tu cansancio.

Ahora sabes que para vencer a la muerte

tu corazón debía correr como un caballo.

Todavía lo puedes conseguir si tomas unos cuantos miligramos de tu voluntad

porque sabes que no existe anabólico más fuerte que tu propio espíritu.

Corre hacia el tiempo cuando aún no se te descomponían los ojos.

Juntos correremos tan rápido como esa liebre de la luna

que tantos atletas de tantas culturas y de tantas épocas han perseguido.

Juntos correremos tan rápido que dejaremos atrás a tu muerte

y si te quiere alcanzar nuestros corazones correrán como un solo caballo que late con el doble de sangre que cualquier purasangre.

Y nuestro premio será la juventud que teníamos cuando juntos corríamos como una sola sombra en el espejo del día.

https://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/1048-559-pangrama.html

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