PINTURA Y LUCHA LIBRE: LA OBRA DE FABIÁN CHÁIREZ

Desde hace unos días hay gran polémica por una obra del pintor chiapaneco Fabián Cháirez (1987). El cuadro “La Revolución” causó controversia por mostrar al héroe mexicano Emiliano Zapata desnudo sobre un caballo, con zapatillas y sombrero rosa. Esto provocó que Jorge Zapata, nieto del Caudillo del Sur, se indignara ante una obra que “denigra” la imagen del revolucionario, e incluso hubo gente que pretendió quemarla.

Las obras de este artista plástico se caracterizan por cuestionar la masculinidad tradicional, la que es aceptada por la mayoría, es decir, la que muestra “virilidad”, “fuerza”, “valentía”, “superioridad” y otras cualidades “clásicas” de los hombres. Cháirez muestra en sus cuadros otro tipo de hombría, aquella que la sociedad no ve como “normal” pero existe, aunque haya quienes no la acepten.

Este asunto se relaciona con el deporte porque el trabajo de Cháirez también ha incluido a figuras de la lucha libre mexicana para ilustrar esta masculinidad que muchos se niegan a admitir. Una nueva polémica se ha suscitado porque este artista ha retratado a personajes masculinos desnudos portando las emblemáticas máscaras de El Santo y Blue Demon, las máximas figuras históricas del pancracio nacional, auténticos ídolos de la cultura popular de nuestro país no sólo por su imborrable paso por los cuadriláteros entre los años 40 y 80, sino también por su carrera cinematográfica, que prácticamente los elevó a la categoría de superhéroes al enfrentar en la pantalla grande a momias y vampiros, por ejemplo.

Como lo hizo con Zapata, Cháirez retrata a estos gladiadores en actitudes sugestivas y provocadoras (cada uno por su lado, pues no aparecen juntos en ningún cuadro) que los hacen ver “afeminados”, lo que ha provocado en los herederos de ambos deportistas una reacción similar a la de los descendientes del Caudillo del Sur: tanto el Hijo del Santo como Blue Demon Jr. han expresado su disgusto por el uso “inadecuado” y sin autorización de las máscaras de estos ídolos para una obra que ofrece una imagen opuesta a la que la afición reconoce.

Ante tal polémica por “feminizar” o “denigrar” a prototipos de la “masculinidad”, baste recordar que el deporte es incluyente en todos los aspectos. En el caso del pancracio, están los famosos luchadores exóticos, aquellos que muestran sobre el ring apariencia y actitudes que el público reconoce como homosexuales, afeminadas, y que son aceptadas como normales y hasta divertidas al menos durante las tres caídas del combate. Nunca nadie, que recuerde, ha pedido que dichos gladiadores sean erradicados.

Asimismo, son de sobra conocidos, aunque no aceptados, numerosos casos de futbolistas homosexuales, incluso en México; y recordemos que una de las mejores jugadoras de la actualidad, Megan Rapinoe, es abiertamente lesbiana. E igual sucede en muchas otras disciplinas deportivas.

Sobre la obra de Fabián Cháirez puedo decir que el arte se caracteriza por ser transgresor, romper esquemas, cuestionar lo que la sociedad impone como “normal”, “correcto” o “moral”. Su trabajo debe apreciarse desde el punto de vista artístico y no tomarse como una ofensa para quienes lo inspiran, sino como una visión alternativa de la realidad que muchos quieren imponer como la única y correcta.

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